La hora de los teleféricos (parte I)

28 abr. 2014

Poder ver una ciudad o un paisaje a vista de pájaro está al alcance del ser humano del siglo XXI gracias a la tecnología. Los teleféricos forman parte de las posibilidades de ocio de muchas ciudades, convirtiéndose en un atractivo más para disfrutar de una privilegiada perspectiva de todo lo que el hombre y la naturaleza han sido capaces de crear.

Un ejemplo de ello es el teleférico de Madrid, construido a finales de la década de los años 60 del siglo XX y en activo hasta nuestros días. Con un total de 350 plazas y 82 cabinas, la atracción recorre una parcela de 2.500 metros cuadrados en poco más de 10 minutos y discurre por un trazado que comienza en el paseo del Pintor Rosales y finaliza en la casa de Campo. El parque del oeste o el río Manzanares son algunos de los lugares que se pueden ver desde una de sus cabinas.

El teleférico de Madrid fue construido por la firma de capital suizo Von Roll y su inauguración -que estaba planificado para las fiestas de San Isidro de 1969- tuvo que posponerse por las quejas presentadas por vecinos de la capital, que defendían que la construcción atentaba contra su derecho a la intimidad. El juez dio la razón al ayuntamiento presidido por Carlos Arias Navarro y la capital pudo ser observada a vista de pájaro.

Hoy en día, el teleférico de Madrid es utilizado por más de 300.000 personas al año, siendo los fines de semana el periodo con mayor afluencia de visitantes. Binio Korolev, ingeniero industrial de origen búlgaro, dirige la atracción en la actualidad. Accedió al puesto tras usar el teleférico como un visitante más y notificar a los empleados la existencia de un fallo en el cableado de la instalación. La empresa buscaba un responsable de explotación, por lo que fue contratado.

Tenerife a vista de pájaro

Y si espectacular resulta ver Madrid desde el aire, más impresionante todavía es contemplar los paisajes que se divisan desde el teleférico del Teide, el más alto de toda España. Aquí nos encontramos con grandes cabinas con capacidad para hasta 35 personas, que recorren un trazado que deja a los usuarios a escasos 200 metros del cráter del volcán tinerfeño. El recorrido supera los 2.500 metros de longitud y se alcanza una altitud superior a los 3.500 metros. Fue inaugurado en 1971 y sus 43 años de historia lo han convertido en una de las atracciones turísticas más utilizadas de las islas. El volcán, el mar y el resto de islas próximas asoman a nuestros pies haciendo que por un momento nos sintamos realmente insignificantes.