MUSEO GHIBLI: donde el ANIME se hace realidad

24 abr. 2014

Emplazado al oeste de Tokio, el museo Ghibli se ha convertido en uno de los puntos de peregrinaje obligado para los amantes del anime de todo el planeta. Consagrado al estudio de animación que ha alumbrado a lo largo de su historia joyas como “Mi vecino Totoro” o “Porco Rosso”, este parque de atracciones permite al visitante vivir una experiencia inolvidable. La personalidad de Hayao Miyazaki -uno de los autores del país del sol naciente más reconocidos a nivel mundial- inunda las instalaciones de un complejo situado en la ciudad de Mitaka.

Eso sí, el museo Ghibli no es un Disneyland París vestido de animación japonesa. La forma de pensar asiática es diferente a la americana. Y su forma de concebir un parque dedicado a un estudio de dibujos animados también lo es. Aquí no nos vamos a encontrar con grandes y suntuosas atracciones pobladas con actores disfrazados de nuestros personajes animados.

El homenaje a los estudios Ghibli es más intimo, más racional. Los más pequeños pueden disfrutar de un gato-bus para luego ver -junto a sus mayores- un cortometraje de gran calidad artística en un pequeño anfiteatro con capacidad para 80 personas. Se trata de piezas creadas por el propio Miyazaki -que también ha diseñado toda la infraestructura- y son exclusivas del enclave: no se pueden ver en ninguna otra parte del planeta. Cada mes se cambia el cortometraje, que suele centrarse en varias escenas de cine mudo que plantean una historia con moraleja. La calidad de los dibujos es tal, que las convierten en una visita obligada.

Exposiciones

Pero el viaje al universo Ghibli no se queda ahí. Los más mayores pueden bucear en la historia de la animación en las muestras permanentes, disfrutando de bocetos y de recreaciones que imbuyen al espectador en la atmósfera de trabajo: eres un miembro más del equipo que da vida a las películas. A su vez, también nos encontraremos con exposiciones temporales, donde quizá seamos los privilegiados espectadores de dibujos únicos en el planeta tierra. Todo es especial en este complejo.

Mientras disfrutamos de nuestra visita, nos encontraremos con muñecos a tamaño real de nuestros personajes más conocidos. Visita obligada es la terraza superior, donde se encuentra una impresionante recreación de 5 metros de altura del robot de la película “Un castillo en el cielo”. No hay occidental que visite el museo y no se haga una foto junto a ella. Y es que la parte exterior del complejo es una visita en sí: hablamos de un recinto donde la exuberante vegetación propia del país del sol naciente se entremezcla con las infraestructuras construidas bajo el influjo del anime. Los árboles guardan casas de ejes curvados, el patio permite vivir en un cuento.

Una de las peculiaridades del museo Ghibli -nos volvemos a encontrar con la forma de pensar nipona, no nos olvidemos- es que las entradas solamente se pueden reservar. No se venden en taquilla. Así, los tickets son para un día y una hora señalados. Así se controlan las aglomeraciones. No diremos que no haya gente, pero es un aspecto muy controlado. En la parte final, nos encontraremos con una tienda donde comprar casi todo lo relacionado con la película “Mi vecino Totoro”.

Si eres un entusiasta del anime, ¡Japón y el museo Ghimli te esperan!