¿Por qué las llaman montañas rusas?

02 abr. 2014

Hoy por hoy, no hay parque de atracciones que no disponga de una gran montaña rusa entre su gama de diversiones. Diseñadas para ser la esencia del riesgo, las montañas rusas han evolucionado hacia megaconstrucciones donde prima la electrónica y donde se sobrepasan los 100 kilómetros por hora en algunas fases de su recorrido. Sin embargo, no siempre fue así. La mayoría de expertos ubican su origen en la Rusia de los zares del siglo XVII. Las leyendas dicen que Catalina la Grande (que gobernó durante 34 años mientras coleccionaba amantes) fue su inventora. La zarina se aburría en su palacio de invierno (Hermitage) y mandó construir una vagoneta con ruedas para “deslizarse” junto a sus invitados desde la azotea hasta sus jardines utilizando la nieve que asolaba la zona tras la llegada de la gélida estación. Con el tiempo, la práctica se extendió por toda Rusia y se construyeron circuitos con torres de madera conectadas por rampas, donde el “populacho” era transportado en trineos desplazados por operarios con pértigas. La historia también dice que un viajero francés quedó fascinado por tales atracciones y volvió a su país de origen con la idea de exportar el negocio. Las montañas rusas abandonaban entonces la nieve para trasladarse a climas más cálidos.

Eran tiempos en los que el mecanismo de las montañas rusas se basaba en la fuerza de la gravedad y sus estructuras estaban hechas de madera. Como testigos mudos de la historia, aún permanecen algunos vestigios de la época en parques ubicados en los Estados Unidos, como Kennywood (Pittsburgh),

La llegada de la Revolución Industrial lo cambio todo y el hierro y la motorización comenzaron a convertirse en los elementos centrales de las diversiones. El tranvía había hecho su aparición y su evolución hacia una forma de ocio masiva era algo natural. En 1870 se adaptaba para la diversión un tren minero en EE. UU. Todo había cambiado.

 

John Miller, el innovador

Sin lugar a dudas, Estados Unidos se convirtió en la meca de las montañas rusas. Aunque el sobrenombre del país gobernado por los zares hasta la revolución permaneció en el imaginario colectivo, fue en tierras americanas donde el sector despegó. Las ferias del fin de semana se habían convertido en eventos de ocio donde cada vez acudía más gente. Ya no bastaba solamente con mostrar el mejor ganado o sorprender con atracciones donde aparecía un forzudo o una mujer barbuda. La gente quería participar de la diversión. Y nació la montaña rusa moderna. John Miller, considerado el Thomas Edison de las montañas rusas, fue uno de sus grandes precursores. Ingeniero de profesión, añadió innovaciones como la barra antibloqueo -el debate sobre la seguridad siempre ha estado en el ambiente- o situó ruedas debajo de los vagones para que estos pasaran sin problemas sobre rampas o curvas pronunciadas. Como no podía ser de otra forma, sus inventos le causaron una gran fortuna.

Ironías del destino, los rusos bautizaron a sus atracciones Amyerikánskiye Gorki, cuya traducción no es otra que montañas americanas.

Sin embargo, el tiempo causó que el apellido “ruso” nunca abandonara a estas grandes montañas hechas de madera y hierro.